domingo, 9 de diciembre de 2018

Irak, Los jardines del presidente, ÁLVARO ZAMARREÑO, Cadena SER


Irak, un país sediento de contar sus historias
Los jardines del presidente, una novela-panorámica por 40 años de guerra y violencia

Madrid
Cuenta Muhsin Al-Ramli que Irak no ha dado nunca grandes novelas porque su gente nunca ha tenido el tiempo necesario para escribirlas. “La novela necesita contemplación, necesita tiempo”, se explica, y los iraquíes han vivido bajo guerras y dictaduras. “Siempre digo que la única gran novela que hemos escrito es ‘Las mil y una noches’, porque en la época abasí se dió esa estabilidad”. Ahora, por primera vez en décadas, la sociedad iraquí parece estar teniendo el tiempo de maduración necesario para contarse, a través de la novela, todo lo que les lleva pasado en el último medio siglo.
Al-Ramli es uno de los que se ha subido a ese carro de la necesidad de contar, porque “más doloroso que la muerte es el olvido” y él no quiere que se olvide. No quiere que la gente joven de Irak olvide el sufrimiento de los miles de jóvenes desaparecidos cuando fueron llamados a luchar contra Irán (ocho años de guerra), o el de cientos de soldados sepultados -con una crueldad nunca reportada en los medios- por las tropas estadounidenses en su avance hacia Kuwait en la guerra del Golfo (1991). O todos esos niños y enfermos que murieron en la época del embargo porque su medicina no llegaba, porque el sistema sanitario colapsó o porque expresaron una idea inaceptable para el tirano y fueron torturados hasta la muerte. Y ni siquiera hemos empezado todavía con la enumeración de las miles de vidas perdidas desde la invasión estadounidense de 2003.
‘Los jardines del presidente’ es su contribución a ese no-olvido. Es la historia de tres amigos de un pueblo cerca de Mosul: Ibrahim, Abdulá Kafka y Tarek. Las historias de estos tres amigos, de sus familias, de todo el pueblo, se van ampliando en círculos concéntricos hasta llegar a la historia de todo un país. De su sufrimiento, pero también de sus tradiciones, de su hospitalidad, del sentido tan noble de la amistad, o del amor. Mucho amor, y mucha incapacidad para el amor. Es una novela poblada por seres incapaces de compartir sus emociones por el miedo, el miedo a la dictadura, el miedo a la sociedad, al qué dirán. Una novela en la que nadie parece aspirar a la Justicia porque viven en un país en que saben que no se la dará.
La novela recoge historias terribles de amores prohibidos, de clanes familiares, de crímenes de honor o del uso social de la religión para justificar aquello que haga falta justificar. “Todo sale de mi experiencia”, nos increpa cuando le preguntamos sobre las fuentes de todas esas historias. De su experiencia en un tanque en la guerra, de su vecino que pasó años preso -oficialmente desaparecido- a manos de los iraníes, historias de su pueblo. O de su familia: su hermano fue asesinado por la dictadura de Sadam y él acabó huyendo del país para exiliarse en España, donde vive desde 1995.
Para el público español, la publicación en castellano de ‘Los jardines del presidente’ supone abrir una refrescante ventana a un país del que se lleva hablado mucho y contado realmente muy poco. Sobre su día a día lleno de ganas de vivir intensamente. Un país que, dice Al-Ramli, está experimentando un boom de la novela, “porque la novela nunca miente, sólo funciona si es sincera”. Dice que la gente joven busca en obras como la suya verdades que los medios, las ideologías, incluso la Historia les niegan. “En Irak ahora se escribe de todo, se ha perdido el miedo a los dictadores y se han roto los tres tabúes tradicionales: sexo, religión y política”. Resume la situación como la de “libertad caótica”, tan caótica que cada uno puede decir lo que quiera, aunque haya otros con la libertad de poder matarle por ello. 

*Muhsin Al-Ramli; Los jardines del presidente, Alianza Editorial, Madrid 2018; 368 páginas; traducción de Nehad Bebars.
------------------------------------------------------------------------------------
*Publicado en (Cadena SER) en 26/11/2018
Muhsin Al-Ramli y Álvaro Zamarreño

Entrevista al escritor iraquí Muhsin Al-Ramli /Casa Árabe


Entrevista al escritor iraquí 
Muhsin Al-Ramli

Casa Árabe – Madrid
Publicado el 27 nov. 2018
El escritor iraquí Muhsin Al-Ramli nos habla en esta entrevista sobre su más reciente obra ("Los jardines del presidente"), el Iraq rural, sobre el horror y la violencia y sobre cómo ha cambiado la sociedad iraquí en los últimos 40 años.




sábado, 8 de diciembre de 2018

entrevista/ Muhsin Al-Ramli / Los Jardines del presidente/ABC


ENTREVISTA

«Los iraquíes han reaccionado contra el fanatismo tras el Daesh, y ahora dicen ser laicos»
El escritor iraquí Muhsin Al-Ramli presenta la novela «Los jardines del presidente», que retrata la historia del Irak de Sadam Hussein pero sin querer nombrarlo nunca

El escritor Muhsin Al-Ramli, en Casa Árabe, donde se realizó la entrevista - P.Cosano
Javier Calero F.J. Calero
@fj_calero

«Anteriormente la cultura árabe tenía prohibido escribir sobre tres temas: política, religión y sexo. Hoy en día podemos escribir de lo que queramos, en algunos países hay censura oficial, pero en la mayoría lo que prevalece es una suerte de censura colectiva», sostiene a ABC el escritor iraquí Muhsin Al-Ramli (Irak, 1967). Exiliado en España desde 1995 después de que su hermano (Hassan Mutlak) -conocido en los círculos literarios como el «Lorca» iraquí-, participara en un golpe de Estado contra el dictador Saddam Hussein, Al-Ramli retrata en la novela «Los jardines del presidente» (Alianza Literaria), inspirada en el boom latinoamericano y la novela de dictadores, la historia del Irak de Sadam Hussein pero sin querer nombrarlo nunca. Su novela dibuja un innombrable caudillo que podría ser tanto el librio Muamar el Gadafi como el «Patriarca», de Gabriel García Márquez, pero a través de la vida de la gente sencilla que sufrió la dictadura, las guerras y el embargo. «Los tres personajes principales de mi novela son ejemplos de cada color de la sociedad iraquí: Ibrahim es el que obedece, Abdulá es el que es consciente de lo que pasa pero no puede hacer nada y Tarek es quien cambia de color según el interés; pero al final hagan lo que hagan todos van a tener la misma desgracia en la dictadura», describe.
El arabista español Pedro Martínez Montávez me dijo que Al Ándalus ha terminado en el tiempo, pero no en los imaginarios ni en las memorias colectivas.
Es verdad. El árabe de hoy no ve la España real, viene con la imaginación anterior de lo que ha leído y estudiado de Al Andalus: de poetas, escritura… De ahí la importancia de la literatura actual. Antes le ponían maquillaje. Ahora tenemos libertad dentro del caos y aprovechamos para describir la realidad tal como es: dura. En el tiempo de las redes sociales las nuevas generaciones entienden bien cómo es España y saben diferenciar lo que era el Al Andalus antiguo y el Al Andalus de hoy. Hay fans del Barça y Madrid en cada esquina del mundo árabe.
¿La falta de libertad y de pensamiento crítico en países árabes han socavado el desarrollo de la filosofía en esta parte del mundo?
Es parte de que ahora se lean sobre todo novelas. Los jóvenes buscan una versión sobre el mundo y su papel existencial para entenderlo. Antes teníamos ideologías y filosofías, y veían el mundo con esa mirada, pero desde hace dos décadas no hay ideas nuevas en el mundo. De ahí viene el éxito de la novela. No es solo falta de libertad y filosofía en el mundo árabe, es en el mundo entero: izquierda y derecha. No hay nuevas ideas. Esto nos sirvió mucho a los literatos. Ahora tenemos un ‘boom’ en el mundo árabe de la novela de escribir y leer, igual que como pasó en América Latina. Es la producción cultural más activa en auge: tenemos premios, club de lectura… Los jóvenes leen, especialmente en los países del Golfo, donde se venden más libros. La gente tiene una idea equivocada. Las ferias de libros en Arabia Saudí lideran las ventas, luego Qatar y Emiratos y después el resto, porque hay jóvenes y todos están abiertos al mundo.
Usted dice que «si cada víctima tuviese un libro, Irak se convertiría en una enorme biblioteca, imposible de catalogar».
Es verdad. Yo vi el primer cadáver a los 13 años y hasta hoy. Yo era de un pueblo pequeño, así que imagínate en todo Irak. Ocho años de guerra con Irán, un año de descanso, y luego Sadam se metió en Kuwait. Después tuvimos un embargo de 13 años hasta la última invasión. Eso lo narro en la novela: la dictadura, las guerras, el embargo y su efecto humano a las personas. No me meto en los datos, que están en la prensa. Hay millones de muertos, asesinados, viudas, huérfanos. Hay periodistas e intelectuales conocidos en Irak pidiendo que sea obligatorio leer esta obra antes de asumir un cargo político, oficial o en el Parlamento para saber lo que ha sufrido el pueblo por el poder. Algunos piden que se enseñe en las escuelas. Hay jóvenes que no han vivido la guerra de Irán y no conocen el sufrimiento de los prisioneros. Muchos lectores me escriben diciéndome: «Mi padre me contaba sobre esto pero no lo entendía». Esta novela tiene varios fines: es historia para nuevas generaciones, es actualidad no solo para los que vivimos hoy sino también para que lo entiendan los extranjeros que no son árabes y los propios árabes nacionalistas, que creen en la nación árabe y ven a Sadam, el dictador, como un héroe.
Como Gadafi, Sadam Husein era tan carismático como megalómano. ¿En algún momento de su juventud ha sido como el novio de la hija de Ibrahim con respecto al dictador y se ha sentido fascinado por su poder?
Yo nunca.
¿Y sus conocidos?
Sí. Gente a mi alrededor, igual como pasa con Franco en España, aún hoy lo considera un gran líder. En la época de Sadam veías en las imágenes en periódicos, y todos eran iguales: con el mismo bigote, uniforme… Había un lavado de cerebro. Como desde pequeño he leído literatura extranjera, como «El Quijote», lo veía de distinta manera. Todo se precipitó cuando mataron a mi hermano, al que llamaban el Lorca iraquí, por participar en un golpe de estado (en 1990). A partir de entonces no podía ni hablar; tenía que ir a una comisaría cada mes para un control de seguridad. Por desgracia gran parte de esta novela es más realidad que ficción.
Hace unas semanas Naciones Unidas documento al menos 202 fosas comunes con restos de miles de cadáveres fueron en zonas que estaban controladas entre 2014 y 2017 por el autodenominado Estado Islámico. ¿Por qué una novela sobre las fosas comunes de Irak?
De ahí viene el título de la novela: «Los jardines del presidente». Sadam estaba obsesionado con los palacios: 80 palacios en todo el país, en cada colina, río o lago hay uno. En todo Irak hay fosas. Hoy en día la gente sigue buscando restos de sus familiares, los jardines son las fosas comunes del presidente.
¿Los últimos gobiernos iraquíes han ayudado a las familias a encontrar a sus desaparecidos?
La verdad es que no. El Gobierno actual es muy débil, están muy preocupados por repartir cargos según etnias, ramas… El peligro está en los campos donde viven los familiares de los de Daesh, que son mujeres y niños abandonados a su suerte. Es una bomba que puede explotar en cualquier momento. Están discriminados de la sociedad y van a crecer con la idea de su padre es un héroe y eso es un peligro si no logran integrarse. Daesh ha ocupado mi pueblo (Shirqat) durante cuatro años, y ha matado a una de mis sobrinas, cortando su cabeza, en la plaza. Daesh se formó fuera: la mayoría son chechenos, tunecinos; de Irak son pocos: unos 300 o 400… La mayoría de los que se incorporaron eran huérfanos de las anteriores guerras, de Kuwait e Irán. Imagina a una mujer que tiene cinco hijos y no ha tenido ningún salario para protegerlos. Tú eres uno de esos hijos. No has ido ni al colegio. Te has criado en la calle y te proponen un día unirte como príncipe de este pueblo, ofreciéndote cientos de dólares y armas. Machacarás al pueblo como amenaza y claro que vas a aceptar. De ahí el peligro de los niños y familiares de Daesh, no solo para Irak, sino también para toda la zona y el mundo.
El iraquí no es religioso sino que utiliza la religión. 
Es un partido religioso el que maneja el dinero del alcohol, discotecas y burdeles en Irak. 
En Irak no había fanatismo ni habrá
Tarek es el ejemplo del religioso, ambiguo y que aprovecha oportunidades. El iraquí no es religioso sino que utiliza la religión. Es un partido religioso el que maneja el dinero del alcohol, discotecas y burdeles en Irak. En Irak no había fanatismo ni lo habrá.
En la novela, Abdulá dice que «desde el nacimiento de este país no ha habido ni 10 años de paz».
Si ves toda la historia de Irak, donde se fundó el primer pueblo del mundo, Mesopotamia, Irak no ha vivido diez años de paz. Ha sido el país más ocupado del mundo por los mongoles, otomanos, persas, ingleses… y eso es porque es un punto estratégico y es un país rico en todo: petróleo, ríos, tierra fértil, civilizaciones, arqueología, etc. ¿Has visto el saqueo de los museos? Eso es porque hay riqueza, cavas dos metros bajo la tierra y te salen piezas de arqueología. El pueblo iraquí es estudioso, más o menos intelectual. Y aun siendo analfabeto sabe mucha poesía. Convivo con una memoria histórica, larga, parte de mi memoria personal es babilonia, asiria… los americanos no estudiaron ni la literatura ni la cultura iraquí. Solo miraron cuántos tanques y cuánto petróleo teníamos, y equivocaron. En el código de Hammurabi viene lo del ojo por ojo, y eso no lo han estudiado.
En su novela también aparecen crímenes de honor: una niña huérfana que fue violada por el hijo de sus padres adoptivos y que fue asesinada para preservar su honor.
Eso sigue y también es culpa de la inestabilidad. La gente acude a agruparse en tribus, clanes o etnias, cuando no hay Estado con leyes fijas y no te respetan como ciudadano. Si hay algo bueno de lo que ha pasado con Daesh, es la reacción en contra del fanatismo, en contra incluso de la religión. La mayoría de los iraquíes declaran ser laicos.
De las últimas elecciones iraquíes emergió un viejo conocido de las tropas españolas, el clérigo chií Muqtada al Sadr, con un discurso nacional populista y anti Irán.
Ha pactado con los comunistas y los civiles, y por eso ha sacado la mayoría. Sabe que solo con la etiqueta religiosa nadie le vota. Ha sido inteligente y reconoce que la mentalidad ha cambiado. En toda la zona hay una reacción. ¿Por qué antes surgieron los partidos como Hermanos Musulmanes? Por la decepción general tras seguir otras vías. El socialismo, comunismo y nacionalismo no funcionaron. Así que abrazaron el sueño del fanatismo. El máximo exponente de esto es Daesh, con el que han visto qué había detrás y cómo han machacado a la gente. Esto ha generado una reacción y un cambio de mentalidad en la zona.
Los rasgos que dibujas del dictador en la novela me recuerdan a los del Gadafi retratado por el escritor argelino Yasmina Khadra.
Por eso no he nombrado al dictador, porque es igual en todos los países árabes, África y América latina. A nivel literario América Latina ya ha escrito muchas novelas sobre las dictaduras, y en el mundo árabe hemos empezado ahora. Antes no podíamos. Son idénticos, utilizan el mismo sistema.
¿El papel que juegan las mujeres en la novela refleja el lugar que tienen en la sociedad iraquí?
La mujer iraquí es fuerte, gracias a la Irak se mantiene más o menos como un país. Lo que ha sufrido la mujer iraquí no lo ha sufrido ninguna mujer en nuestros tiempos: guerra, muerte, quedarse viuda, sin sus hijos y caos, miedo, embargo de 13 años... el embargo ha sido más duro que las propias guerras. Imagínate un país rico que no encuentra pan, tiene un mar de petróleo bajo los pies pero no hay agua potable. Gracias a las mujeres tenemos todavía los hilos de la sociedad, de la familia, ellas han sacrificado para mantener las familias, tenemos dos millones de viudas de estas guerras. No hay sistema oficial que les proteja. Ellas son luchadoras. Ellas tienen la iniciativa, la luz… los hombres tienen utopía, interés, quieren ser presidentes y cambiar el mundo a su manera, las mujeres son más realistas y valoran más la vida.
La familia Hussein copaba todo los resortes del Estado.
La forma de equivocarse de todos los gobiernos de la historia es acercarse a los familiares y amigos, y darles el poder. Eso pasó con Napoleón Bonaparte: parte de su derrota y fin fue poner a su hermano en España. Lo hacen todos los dictadores por cuestión de confianza, no confían en el pueblo y viceversa. En Irak tuvimos primos y yernos de Sadam sin terminar la primaria y que apenas sabían leer y escribir mandar en los ministerios de Seguridad e Industria.
Los artistas que triunfaban en el Irak de Sadam debían ser adeptos al régimen.
La única. O le elogias o callas para siempre, porque en caso contrario te matan. Sadam y sus hijos han matado a artistas, cantantes nombres y apellidos conocidos por el pueblo. Un amigo, director de una revista, lo mataron por una frase en un artículo. Han hecho películas, novelas, canciones sobre él… pero los dictadores quieren ser ellos mismos los intelectuales. Sadam escribió cuatro novelas, y en prisión hasta el último día escribió poesía, pero todas eran chorradas; y Gadafi igual con su «Libro Verde». Sienten que lo que les hará eternos es el arte. Lo que más molesta a lo dictadores es el intelectual: prohibido hablar de política, religión y sexo... ¿de qué vas a hablar de mariposas si tienes a tu hermano muerto? Lo bueno de la Primavera Árabe es que rompió el muro del miedo. Lo han hecho los jóvenes, ahora tenemos muchas escritoras que escriben libremente sobre el sexo, el amor, relaciones personales... Lo que estamos haciendo ahora es cultura y arte. Es como el agua, que ante un obstáculo siempre halla un hueco por donde salir.
---------------------------------------------------
*Publicado en el diario (ABC), en 7/11/2018

martes, 27 de noviembre de 2018

Vida, muerte y literatura en en los jardines de Irak,


Los jardines del presidente, M. Al-Ramli
Vida, muerte y literatura en el Irak dictatorial
 Estandarte
Lo terrible es que una novela como Los jardines del presidente esté basada en hechos reales. Una novela donde se lee: “En un país sin platanares, los habitantes del pueblo se despertaron con el hallazgo de nueve cajas para transportar plátanos. En cada una de ellas estaba depositada la cabeza degollada de uno de sus hijos y el documento que lo identificaba, ya que algunos rostros habían quedado totalmente desfigurados por la tortura anterior a su decapitación o por la posterior mutilación, tanto que los rasgos con que habían sido conocidos a lo largo de su truncada vida ya no eran suficientes para identificarlos”. Lo terrible son los recuerdos y las explicaciones de su autor, el iraquí Muhsin Al-Ramli: “Comencé a escribir Los jardines del presidente en 2006 después de recibir la noticia del asesinato de nueve de mis parientes, que estaban ayunando en el tercer día de Ramadán. La gente de la aldea solo encontró sus cabezas en cajas de plátanos, junto con sus documentos de identidad. Dediqué la novela a sus almas”.
Lo increíble y lo hermoso es que de esas mezclas haya surgido un libro valiente, político, poético y onírico como Los jardines del presidente. Una novela que narra la historia –o mejor, las historias– del Irak en tiempos del innombrable dictador (innombrable porque el autor no quiere nombrarlo). Los protagonistas son tres amigos de la infancia, conocidos como “los hijos de la grieta de la tierra”: Ibrahim, Tarek y Abdulá. El primero ocupa el centro de la narración. Recibe el sobrenombre de ‘Quisma’, destino, y eso ya dice bastante de su actitud: “Todo es destino y ley”, es su lema. Apreciado por todos por su bondad y discreción, le caracteriza la sabiduría y elegancia a la hora de afrontar las tragedias.
Había nacido y se había criado en un remoto pueblo del norte de Irak, junto a los mencionados amigos: Tarek, de vida acomodada y al que siempre sonrió la vida; y Abdulá, huérfano y depresivo, a quien llaman ‘Kafka’ por su manera de pensar y por haber devorado las obras del autor checo. Como todos los amigos, los “hijos de la grieta de la tierra”, habían vivido juntos alegrías, esperanzas, amores... Como los amigos en esos tiempos y en ese país también habían padecido guerras, injusticias y las arbitrariedades del poder. Las buenas relaciones de Tarek permiten a Ibrahim lograr un empleo en Bagdad, en los jardines del presidente. ¿Qué provocó su muerte? ¿Qué le llevó a morir de tal manera? Los exóticos jardines del presidente esconden la respuesta tras sus verjas.
Por desgracia Los jardines del presidente no es un thriller. Los hechos, como el del inicio, tienen su poso de verdad y horror. Muhsin Al-Ramli afirma haber escrito esta novela a trompicones. Dos años después de iniciada su escritura, otra historia, otra noticia, le dio un nuevo empujón a la escritura: la de “alguien cuyo trabajo era enterrar a personas anónimas ejecutadas en Irak y que guardaba de manera secreta algo que les pertenecía, ya fuera una tarjeta, un reloj o un anillo. Él registraba algunas de sus características personales e información sobre dónde fueron enterrados. Después de la caída del régimen, ayudó a muchas familias a encontrar los restos de cadáveres de sus seres perdidos”.
La novela fue escrita en Granada, Irak, Asturias… pero después de ese periplo “hice varias revisiones en Madrid, así que la escritura comenzó y terminó allí, donde vivo”. En esta ciudad, a la que llegó en los 90, Muhsin Al-Ramli es profesor en la Universidad de San Luis. Considerado uno de los más importantes novelistas y dramaturgos iraquíes, además de traductor de varios clásicos españoles al árabe, es fundador y coeditor de la revista cultural Alwah. Por Los jardines del presidente ganó el English Pen Award, pero su premio más importante quizá sea el que ha conocido a través de las reacciones y agradecimientos de los lectores: haber puesto palabras y sentimientos a lo que pasó en Irak y razones a lo que sigue sucediendo.
------------------------------------------------------------
*Publicado en (Estandarte), 21 de noviembre de 2018.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Infierno entre el Tigris y el Éufrates /DV/ Muhsin


Infierno entre el Tigris y el Éufrates


Catálogo de torturas en la historia de Irak bajo el régimen de Sadam Hussein. Una indagación rigurosa y una muy seria entrega novelística de Muhsin Al-Ramli
SANTIAGO AIZARNA
Comienza la novela -dentro de los usos más adecuados de la ortodoxia novelesca de impactar desde el principio al lector— con un párrafo de estudiada truculencia: «En el tercer día de Ramadán de 2006, en un país sin platanares, los habitantes del pueblo se despertaron con la llegada de nueve cajas para transportar plátanos. En cada una de ellas estaban depositados la cabeza degollada de uno de sus hijos y el documento que lo identificaba, ya que algunos rostros habían quedado totalmente desfigurados por la tortura anterior a su decapitación o por la posterior mutilación, tanto que los rasgos con que habían sido conocidos a lo largo de su truncada vida ya no eran suficientes para identificarlos».
Del hecho objetivo al impacto, digamos que social, que puede deducirse de la impresión producida en la primera persona que se da cuenta de la presencia de esas cajas -Ismael, el pastor retrasado- que «se acercó con curiosidad, sin apearse de su burra», vio y reconoció algunas de las cabezas ensangrentadas, miró a su alrededor para cerciorarse de si estaba en su pueblo o, acaso, en algún que otro lugar, que así puede ser la obnubilación que a tanto puede llegar la impresión producida.
De Muhsin Al-Ramli (Irak, 1967) habrá que decir, en primer lugar, que es uno de los más importantes novelistas y dramaturgos iraquíes y traductor de varios clásicos españoles al árabe, que vive en España desde 1995, año en que fue empujado al exilio por el régimen de Sadam Husein; que es hermano del también escritor Hassan Mutlak, considerado como el 'Lorca Iraquí' por parte de la intelectualidad de su país y que fue ahorcado por el régimen en 1990 tras haber participado en un intento de golpe de Estado; que Muhsin Al-Ramli fue fundador de la revista cultural Alwah en 1997, de la que es coeditor. Desde 2004 y es profesor en la Universidad de San Luis, Madrid. Esta su novela, 'Los jardines del presidente', estuvo en 2013 entre las finalistas del premio IPAF, conocido como el 'premio Booker árabe', y ganó el English Pen Award. Así como se nos informa de su personalidad étnica y literaria desde la solapa del libro.
Las cabezas ensangrentadas de las nueve cajas plataneras aparecidas en una de las calles del pueblo son muy significativas y marcan claramente su procedencia. Ve Ismael, el pastor y primer testigo, que «en las cajas se encuentra la cabeza de Ibrahim, un hombre al que todo el mundo apreciaba por su bondad y discreción, y por su particular filosofía de saber afrontar las tragedias aceptando su destino. Había nacido y se había criado en un remoto pueblo del norte de Irak, junto a sus eternos amigos de la infancia: Tarek, de vida acomodada y al que siempre sonrió la vida; y Abdulá, huérfano y depresivo, a quien llaman Kafka por su manera de pensar y por haber devorado las obras de aquel autor. Los 'Hijos de la grieta de la tierra' (título del primer capítulo de la novela), como eran conocidos, habían vivido juntos alegrías, esperanzas, amores..., también guerras y las arbitrariedades del poder. Las buenas relaciones de Tarek permiten a Ibrahim lograr un empleo en Bagdad, en los jardines del presidente. ¿Qué provocó su muerte? ¿Qué le llevó a morir de tal manera? Los exóticos jardines del presidente esconden la respuesta tras sus verjas», se nos dice.
La existencia de ese tal Ibrahim, cuya vida basada en hechos reales se nos narra, sirve para mejor detallarnos lo ocurrido en ese Irak de Sadam Hussein, un país bajo el poder de un tirano con su secuela de castigos, torturas, lo que se explica a manera de índice de las brutalidades llevadas a cabo y de su porqué en páginas muy realistas, es decir, «cadáveres degollados y otros agujereados por las balas como un colador, que se cubrían con la sangre que rebosaba abundantemente cuando los levantaba. En algunos cuerpos solo halló un único balazo en la cabeza o en el corazón. En otros, los agujeros estaban hechos con un taladro, con clavos o con espada. Otros estaban quemados por cigarrillos o descargas eléctricas; y a otros los habían empalado. Algunos tenían amputados los genitales, arrancadas las uñas, cortada la lengua, cercenadas las orejas, mutiladas las narices, quebrados los dedos, hinchado el cuero cabelludo por haber intentado arrancarles la cabellera... O les habían sacado los ojos o desollado haciéndoles dibujos en la piel con cuchillas de afeitar. A otros los habían despellejado vivos. Empezaba a adivinar también el motivo del asesinato según el método de tortura empleado. Quien tenía la lengua cortada era seguramente porque había dicho algo que desagradó al Gobierno. Quien tenía las orejas cortadas era a lo mejor porque había oído algo en contra del Gobierno y no lo había denunciado. Quien tenía los genitales mutilados se debía probablemente a que el asunto había tenido algo que ver con una cuestión de honor o con una humillación, o había sido por una afrenta a la valentía o a la hombría... O acaso ocurrió en el curso del interrogatorio. Quien tenía los dedos rotos o la mano amputada era porque a lo mejor había robado algo o escrito algo. Pero ¿por qué había algunos cuerpos desgarrados por fieras: leones; cocodrilos o hasta perros? En lo que quedaba de las facciones vio un terror indescriptible».
Es decir, un catálogo de torturas que dan idea extrema de lo que fue, ese tiempo, la historia de ese país, contada por un autor que se informó debidamente.
---------------------------------------------------------
*Publicado en (DIARIO VASCO), N.27570 Sábado 17/11/2018
https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=5213428&id_col=100500&id_subcol=100501

Irak, la tragedia del mundo/IDEAL/ Muhsin


Irak, la tragedia del mundo

Muhsin Al-Ramli, exiliado en España, relata el drama de su país, que no ha conocido la paz en 40 años, en el libro 'Los jardines del presidente'

Madrid, Viernes, 17 noviembre 2018
Toda la tragedia del mundo cabe en Irak, un país que apenas ha disfrutado de una década de paz completa en toda su historia y que desde hace 40 años ha vivido un conflicto con Irán, la primera guerra del Golfo, el embargo, la invasión de Estados Unidos de 2003 y la lucha contra el Estado Islámico. Sobre estos cimientos destruidos levanta el escritor Muhsin Al-Ramli la novela 'Los jardines del presidente' (Alianza), las vivencias paralelas de un país y de tres hombres que desde la infancia hasta la edad adulta son víctimas de una realidad que nunca pueden controlar.
«En Irak, cuando una persona se marcha de casa, puede decir 'buenos días', pero no está seguro de poder decir 'buenas noches', así que muchos se despiden como si nunca más fueran a ver a sus seres queridos», cuenta Al-Ramli, que resume en sí mismo el drama de su país: exiliado en España desde 1995, su hermano, Hassan Mutlak, el llamado 'Lorca iraquí', fue ahorcado por el régimen de Sadam en 1990 tras participar en un intento de golpe de Estado y uno de sus sobrinos fue asesinado por el Estado Islámico. Desde 2004 Al-Ramli es profesor de la Universidad de San Luis, en Madrid, y con 'Los jardines del presidente' ganó el English Pen Award y fue finalista del premio IPAF, el 'Booker árabe'.
La sombra de Sadam Husein planea sobre las vivencias de todos los iraquíes. En el libro, Al-Ramli no cita por su nombre a Sadam «porque todos los dictadores son intercambiables», pero describe su vida como todopoderoso y arbitrario gobernante: cómo, él y sus hijos, viven en palacios llenos de lujos mientras su pueblo muere de hambre; cómo matan a un músico o a un poeta simplemente por el placer de matar; o cómo se apoderan de las mujeres y las violan a su antojo. «Cada mujer iraquí se merece un monumento por todo lo que han sufrido. Ellas han mantenido a las familias mientras los hombres se iban a la guerra. Las mujeres trabajan para la vida, los hombres, para las utopías», señala el escritor.
La caída del dictador, sin embargo, no supuso la liberación del país. Todo lo contrario, la invasión americana trajo más desgracia, cree Al-Ramli. «No queríamos a Sadam, pero los Estados Unidos nunca debieron intervenir. Tenían que haber apoyado a la gente que desde el interior luchaba contra el régimen. Pero el gran problema de Irak es que siempre ha sido apetitoso para las potencias extranjeras. Turquía, Irán, Arabia Saudí, Estados Unidos, hasta Siria... han intentado poner sus manos en el país», resume el escritor.
 Al-Ramli ha vuelto dos veces a Irak, en 2004 y 2011, entrando ilegalmente a través del Kurdistán, porque está amenazado de muerte a causa de sus novelas. Y pese al difícil panorama que plantea su país, el autor alberga ciertas dosis de optimismo, sobre todo tras la Primavera Árabe, «que ha sentado las bases para que en diez o quince años tengamos una verdadera transición», subraya.
«La gente ha perdido el miedo, los gobernantes ya no tienen excusas para no instaurar la democracia y el mundo, por fin, comienza a escucharnos», asevera. 'Los jardines del presidente' entronca con 'La fiesta del Chivo', de Mario Vargas Llosa, en su denuncia de la tiranía.
---------------------------------------------------------
*Publicado en (IDEAL), N.28.535 Sábado 17/11/2018

viernes, 9 de noviembre de 2018

Los jardines del presidente/ Juan Herranz


Los jardines del presidente, de Muhsin Al-Ramli
Juan Herranz
Entre la vacuidad del mundo moderno, las historias más intensas sobre aspectos humanos provienen de los lugares más insospechados, de aquellos espacios en los que el ser humano padece el sometimiento y la alienación. Porque solo en la rebelión necesaria, en la crítica noción de todo lo que rodea al autoritarismo o la violencia, puede acabar por despertar lo mejor de lo que somos, por contraposición directa con la fatalidad de un destino sin los artificios ni la trivialidad del mundo acomodado en el ombligismo invidualista del medro.
Los rescoldos de la dictadura de Husein todavía resplandecen en una sociedad iraquí aún inestable, porque ciertamente la problemática de la zona se extiende desde prácticamente la remota Mesopotamia. De ahí que esta novela del escritor iraquí exiliado en España Muhsin Al-Ramli se adentre en sensaciones más que en explicitas manifestaciones políticas sobre un status social de su país que no dista tanto desde los tiempos de Husein hasta la actualidad.
La trama en sí nos conduce a una apasionada historia de amistad, con fundamentos reales, entre Ibrahim, Tarek y Abdulá. La infancia de los tres compone un mosaico de esa felicidad inalcanzable de los niños criados en tiempos de conflicto. Y ese poso de amistad indisoluble mueve la historia cuando ya son adultos dentro de un país que sigue sumido en los mismos cimientos sobre las movedizas tierras del enfrentamiento.
Tarek ha sabido encontrar su sitio en esa sociedad iraquí y desde su posición más cómoda consigue un buen trabajo para Ibrahim. Pero lo que parecía un buen comienzo pronto acaba como un macabro final que se lleva por delante al Ibrahim hombre y a su imborrable recuerdo para un Tarek que indagará hasta la saciedad para conocer los motivos de esa muerte tremebunda en los mismos jardines del presidente.
Con unas notas del surrealismo que supone afrontar la tragedia más aviesa, en torno a las ideas del tercer amigo, Abdulá, nos adentramos en una historia de extremos, de polos opuestos entre la amistad y el odio, entre la fatalidad y la vaga idea de una posible superación de todo conflicto desde la toma de conciencia más lúcida, para bien o para mal.
*Ya puedes comprar la novela Los jardines del presidente, el nuevo libro de Muhsin Al-Ramli, aquí:https://ir-es.amazon-adsystem.com/e/ir?t=juanherranzes-21&l=alb&o=30&a=8491812768

Producto disponible en Amazon.es