lunes, 5 de julio de 2021

Al-Ramli: Los jardines del presidente /Mustapha M-Lamin

 Muhsin Al-Ramli: Los jardines del presidente

Por Mustapha M-Lamin

Al-Ramli, Muhsin: Los jardines del presidente. 

Alianza, Madrid, 2018. 357 páginas.

Traducción de Nehad Bebars. 

Comentario realizado por Mustapha M-Lamin (SJM Valencia).

 

En un país golpeado por el horror desde hace décadas, entre las agresiones externas que lo convirtieron en un polvorín crónico, y anteriormente las caprichosas aventuras belicistas de un megalómano con delirios de grandeza, no sorprende que en medio de tanta tragedia, terror y violencia pueda emerger con belleza una obra capaz de retratar todo lo vivido a largo de casi tres décadas por una sociedad sometida, primero, a los antojos de un tirano y, después, a la codicia de superpotencias incapaces de renunciar a la intervención en cada rincón del mundo con tal de mantener, en el ocaso de su trayectoria, un control absoluto del planeta.

A esta labor, la de narrar con inusitada hermosura la crueldad nauseabunda del ser humano, se puso el autor de la novela Los jardines del presidente, Muhsin Al-Ramli, para conseguir un retrato crítico, agudo y estremecedor de un país colapsado por la inestabilidad, violencia y las guerras fratricidas como principal herencia de la invasión de EE.UU. y sus aliados en el año 2003. 

A lo largo de los dieciocho capítulos en los que se divide la novela, asistimos a la historia de tres amigos, Tarek, Abdulá e Ibrahim, nacidos en meses sucesivos del año 1959, a quienes el destino deparó diferente suerte. Nada más comenzar la novela, con una sobrecogedora imagen de cabezas decapitadas, estremece la carga de crueldad de los ajustes fratricidas, pues “En un país sin platanares, los habitantes del pueblo se despertaron con el hallazgo de nueve cajas para transportar plátanos. En cada una de ellas estaba depositada la cabeza degollada de uno de sus hijos y el documento que lo identificaba, ya que algunos rostros habían quedado totalmente desfigurados por la tortura anterior a su decapitación o por la posterior mutilación (…)” (p. 11). Una de esas cabezas era la de Ibrahim y la fecha del hallazgo, Ramadán del año 2006. La cabeza sin el resto del cuerpo simboliza el desgarro de una nación condenada a vivir en la violencia, con una hija obligada a emprender una búsqueda, tal vez inútil por el final abierto de la novela, para intentar reunir los restos mortales de su padre con la cabeza y darle digna sepultura a su progenitor, pues ante la disyuntiva de enterrar solamente la cabeza o aventurarse en una peligrosa investigación para hallar el resto del cuerpo, opta por la segunda y el narrador aprovecha para retroceder y repasar la historia de Irak. 

Esta es una novela en la que confluyen muchos géneros. Bélica, o antibélica (a la altura de grandes novelas como Vida y destino, de Vasili Grossman; Los cuatro jinetes del apocalipsis, de Blasco Ibáñez; o la más reciente Morir en primavera, de Ralf Rothmann, con la que guarda varias similitudes (especialmente el reclutamiento de inocentes), por su retrato de las muchas guerras vividas por el país, desde las guerras contra la ocupación de Palestina, en las que participaron los padres de los tres protagonistas, pasando por la guerra contra Irán, en la que fueron obligados a participar Abdulá e Ibrahim, donde el primero cayó en un largo cautiverio en manos de los iraníes (p. 107) durante diecinueve años, y el segundo, víctima del efecto de los gases químicos, quedó estéril de por vida; la nefasta guerra del golfo de los años noventa del siglo pasado, a la que fue llamado a filas Ibrahim y en la que perdió una pierna después de la intervención de los aliados y ver que “la tierra vomitaba fuego, el cielo llovía fuego” (p. 74); hasta la guerra más reciente, convertida en enfermedad crónica, con la invasión de Estados Unidos en 2003. 

También cabe en esta novela el género social, la crítica a algunos usos y costumbres como, por ejemplo, el triste asesinato de la madre de Abdulá, discapacitada que lo tuvo sin ser consciente de ello y fue apedreada hasta la muerte, mientras su violador no tuvo más castigo que una furibunda pero fugaz paliza paterna (p. 172); o la hipocresía clerical de los lenguaraces de los púlpitos, simbolizada en Tarek con la conquista de la jovencísima hija de su difunto amigo. Y para retratar el periodo especial sin guerra ni paz, con el país asfixiado por las sanciones de Estados Unidos a través de la ONU, emerge otro género como aquel que fue capaz de alumbrar la literatura hispanoamericana con novelas como La fiesta del chivo, de Vargas Llosa; Yo, el supremo, de Roa Bastos; Señor Presidente, de M. Ángel Asturias; o El recurso del método, de Alejo Carpentier: las novelas de dictador. Un simple paseo por los jardines del presidente (plagados de cadáveres de inocentes) permite apreciar con exactitud el grado de pomposa ostentosidad en el que viven él, su familia y colaboradores mientras el pueblo apenas puede respirar (p. 223) sumergido en la más absoluta miseria. 

Después de la lectura de esta novela, que se cierra de manera circular con final abierto, conviene no perder de vista la producción futura de este autor, pues queda claro que está llamado a ocupar un lugar significativo no solo en la historia de la literatura árabe sino también en la universal. Quizás sea un juicio precipitado, pero el paso del tiempo permitirá saber si mis intuiciones son o no ciertas, por ahora esta voz promete consolidar un modo de narrar, con valentía para no omitir ni un solo tema, capaz de estremecer con sus descripciones, perturbar con sus descripciones y esperanzar con sus reflexiones, como la que emana del personaje de Abdulá en una escena de la novela: “No entiendo por qué a algunos no les bastan las ideas que ocupan su mente, sino que, además, se empeñan en poseer las mentes de los demás” (p. 142). Tarea nuestra será, por tanto, no permitir que posean las nuestras, especialmente en estos tiempos del barullo cibernético y los debates estériles acerca de nuestro tiempo. 


https://elblogdejaviersanchez.blogspot.com/2021/06/muhsin-al-ramli-los-jardines-del.html?spref=tw

https://revistas.comillas.edu/index.php/razonyfe/article/view/13731

viernes, 25 de junio de 2021

Os Jardins do Presidente, de Muhsin Al-Ramli

 

Os Jardins do Presidente, de Muhsin Al-Ramli

CRISTINA MENDONÇA

Os Jardins do Presidente, publicado pela Topseller, entrou na longlist do International Prize for Arabic Fiction, conhecido como o «Booker árabe»

Muhsin Al-Ramli nasceu em 1967, numa aldeia do norte do Iraque. É romancista, poeta, dramaturgo, académico e tradutor. Os Jardins do Presidente, publicado pela Topseller, entrou na longlist do International Prize for Arabic Fiction, conhecido como o «Booker árabe». Vive em Madrid desde 1995.

«Um romance extraordinário passado no Iraque de Saddam Hussein, que traz à memória Cem Anos de Solidão e O Menino de Cabul»… Com esta frase intenta-se seduzir o leitor a entrar neste mundo fabuloso que, de início, evoca realmente a atmosfera de Macondo ou o imaginário do realismo mágico latino-americano: veja-se, por exemplo, o caso de Isma’il que em rapaz cortou a língua de um bode e desde então perde a voz, até que anos depois as palavras que lhe saem num grito coincidem com o momento em que «reza a história antiga, (…) uma estranha massa amorfa com um corpo gigante e uma cabeça minúscula chamada América atravessou os mares e ocupou um país chamado Iraque» (p. 8)

A primeira frase do romance é, aliás, tão emblemática como o início da obra-prima de García Márquez: «Num país onde não havia bananas, ao terceiro dia do Ramadão, a aldeia deparou-se, ao acordar, com nove caixas de bananas, cada qual contendo a cabeça degolada de um dos seus filhos.» (p. 7). Todavia Os Jardins do Presidente, de Muhsin Al-Ramli, é uma narrativa que rapidamente se distancia de tudo e ganha vida própria.

Tariq, Abdullah Kafka e Ibrahim nascem em 1959, em meses seguidos, e desde logo se tornam inseparáveis. Até que a guerra contra o Irão deflagra (e dura 8 anos), e Abdullah é preso pelas forças iranianas em 1982. Em 1990, o Iraque invade o Kuwait. A guerra torna-se o estado natural das coisas e «quanto mais se adentravam no deserto (…) mais mergulhavam na guerra» (p. 59). Em 1991, as forças aliadas desencadeiam o ataque terrestre a partir das areias da Arábia Saudita:

«O deserto, que se vira abandonado durante séculos, foi transformado num mar de ferro e fogo. O cenário era nada menos que apocalíptico, demonstrando o poder que aquela pequena criatura, o homem, conseguira alcançar, capaz de transformar a face da natureza de forma aterradora e esmagadora.» (p. 62)

Nas primeiras 200 páginas temos uma narrativa intrincada repletos horrores da guerra, mas sobretudo de histórias que se cruzam. Todas as personagens têm a sua história, sempre contada na primeira pessoa, como é o caso de Ibrahim que procura deixar o seu legado à sua filha Qisma (significa destino), vendo-a como a extensão natural da sua história. O romance passa depois a uma segunda parte, no que parece uma estrutura desarmoniosa, mas conforme prosseguimos percebemos como se fecha o círculo deste mundo, tanto que o penúltimo capítulo é um eco do primeiro, voltando à frase de abertura do romance. É quando Ibrahim se muda para a cidade de Bagdad que o romance ganha outro fôlego. Como funcionário nos jardins de um dos vários palácios do Presidente, Ibrahim é supervisionado por Sa’ad, que ao longo de várias páginas, descreve a opulência dos “palácios do povo”, em descrições hiperbólicas ao estilo dos contos das Mil e Uma Noites. A única vez em que Ibrahim avista o Presidente no jardim é justamente quando ele assassina um músico emblemático do país. O próprio nome de Saddam Hussein, ao jeito do realismo mágico, nunca é mencionado; quando Qisma dá o nome do líder ao filho, Ibrahim recusa-se terminantemente a chamá-lo pelo nome.

Ibrahim é depois promovido de jardineiro a coveiro, enterrando milhares de corpos sem nome, «vítimas de um reinado impiedoso de terror», nos jardins do Presidente…

*(Artigo publicado no Caderno Cultura.Sul de novembro)

https://postal.pt/papel/2019-11-07-Os-Jardins-do-Presidente-de-Muhsin-Al-Ramli

domingo, 20 de junio de 2021

Al-Ghassani: el poeta que vino con el fuego Kirkuk. por: Carlos Villalobos عن أنور الغشاني

 

Al-Ghassani: el poeta que vino con el fuego Kirkuk

Por Carlos Manuel Villalobos

Junio, 2021

 

A Muhsin Al-Ramli

 

Hablaba despacio, con el acento inconfundible de los herederos de Babilonia y la mirada serena de los que tienen en el espíritu la antigua sabiduría de los sufíes.  Su pelo largo y blanco, la barba tupida y la espesura de las cejas, lo hacían parecer más bien un mago o una suerte de alquimista errante.

 

Confieso que cuando entré al aula no me pareció creíble que este hombre fuera el profesor que me daría el curso de Nuevas tecnologías de la comunicación.  No sé, esperaba un informático o un periodista de porte más joven y no ese hombre que hablaba con dificultad el castellano. ¿De dónde había sacado mi universidad este docente? Mis estereotipos mordieron el polvo en cuanto nos entregó el ambicioso programa. Las lecturas eran numerosas y actualizadas. Supe que estaba frente a un lobo astuto que sabía muy bien cómo poner en jaque a sus jóvenes alumnos.


Se llamaba Anwar Al-Ghassani Thair y era un viejo periodista iraquí que había parado en Costa Rica gracias a su vínculo conyugal con una mujer de origen tico. Se había graduado en la Universidad de Leipzig, Alemania, como doctor en Periodismo con énfasis en Ciencias Políticas y como buen descendiente de la genética de Babel, entre otras lenguas, hablaba árabe, curdo, turcomano, inglés, alemán y español.

 

En 1963, mientras estudiaba pintura en la Universidad de Bagdad fue torturado y estuvo en prisión durante ocho meses. En 1966 de nuevo fue detenido y privado de sus derechos. Estas circunstancias lo obligaron a abandonar para siempre su tierra natal. Con la llegada al poder de Saddan Hussein las posibilidades de retorno se volvieron prácticamente nulas. 

Al-Ghassani nunca regresó a las tierras de su antigua Babilonia. No pudo reencontrarse con su natal Qalat Salih y tampoco con la famosa Kirkuk de linaje sumerio acadio, la provincia donde creció. Lo más cerca que estuvo del mundo árabe fue en Argelia, donde vivió varios años, hasta que en 1984 se radicó definitivamente en América Latina. 

 

En 1999, la Universidad de Costa Rica me contrató como docente. Entonces Anwar dejó de ser el “profe de tecnologías” y se convirtió en mi colega. Fue un nuevo privilegio.  La relación se transformó en una amistad mediada por la pasión literaria que nos unía. Cuando hablaba de su obra y me compartía sus poemas, el fuego eterno de Baba Gurgur le iluminaba el rostro. No había ninguna duda. Él era la continuación de aquella hoguera de Kirkuk que tiene más de cuatro mil años y el heredero de la escritura cuneiforme con sus más de cinco milenios de antigüedad. No en vano, los poetas de Irak bien podrían llenar por sí solos la enorme biblioteca de Alejandría. 

 

El 2005 fue para Al-Ghassani el año de la realización como poeta en el mundo hispano. El Festival Internacional de Poesía de Costa Rica le dio un lugar como invitado especial. Luego asistió al más importante de los encuentros literarios de América Latina: El Festival Internacional de Poesía de Medellín en Colombia. Lo invadió la euforia. Comprendió que su nombre de poeta ahora también podría trascender más allá del Oriente Medio. Atrás quedaron sus poemas en árabe, alemán e inglés. Ahora la lengua del poeta era el castellano, la última que le dio Babel. 

 

Junto con poetas iraquíes como Moayad al-Rawi, Fadhilal-Azzawi, Sorgon Bulus, Al-Ghassani y Salah Faik, figura como uno de los fundadores el Grupo literario de Kirkuk. La agrupación surgió en los años 50 y es considerada como una de los más influyentes en la poesía árabe actual. Además de lo estético, se suma la persecución que tuvieron sus integrantes. Fueron tachados de rebeldes y reprimidos por el sistema político. 

 

Pero la desbandada de los escritores iraquíes no solo tocó a los jóvenes que provenían de Kirkuk. Poetas de diferentes generaciones también tuvieron que emigrar. Es el caso de Abdal-Wahab al-Bayati (1926-1999) quien falleció en Siria. Otros escritores no consiguieron escapar a tiempo, como es el caso Hassan Mutlak (1961-1990), quien falleció sentenciado a la horca por el régimen de Hussein. Su hermano Muhsin Al-Ramli (1967), también escritor, actualmente vive exiliado en España y es un destacado hispanista que se ha ocupado de divulgar la obra no solo de Mutlak sino de otros autores de su país y del mundo árabe. 

Muhsin Al-Ramli visitó Costa Rica en el año 2013 en el marco del Festival Internación de poesía. Le hubiera gustado que Anwar estuviera vivo, pero el poeta rebelde de Kirkuk había fallecido el 25 de julio de 2009. Al menos tuvo la oportunidad de honrar su memoria a la orilla de la tumba.

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*Publicado en Quira Medios, en junio 2021, edición 61 Bogotá

https://www.quira-medios.com/al-ghassani/ 

                          Carlos Villalobos y Muhsin Al-Ramli

Os Jardins do Presidente, de Muhsin Al-Ramli

 

Os Jardins do Presidente

de Muhsin Al-Ramli

Palavras Sublinhadas

20/6/2021

Muhsin Al-Ramli nasceu em 1967, numa aldeia do norte do Iraque. É romancista, poeta, dramaturgo, académico e tradutor. Os Jardins do Presidente, publicado pela Topseller, entrou na longlist do International Prize for Arabic Fiction, conhecido como o «Booker árabe». Vive em Madrid desde 1995. «Um romance extraordinário passado no Iraque de Saddam Hussein, que traz à memória Cem Anos de Solidão e O Menino de Cabul»… Com esta frase intenta-se seduzir o leitor a entrar neste mundo fabuloso que, de início, evoca realmente a atmosfera de Macondo ou o imaginário do realismo mágico latino-americano: veja-se, por exemplo, o caso de Isma’il que em rapaz cortou a língua de um bode e desde então perde a voz, até que anos depois as palavras que lhe saem num grito coincidem com o momento em que «reza a história antiga, (…) uma estranha massa amorfa com um corpo gigante e uma cabeça minúscula chamada América atravessou os mares e ocupou um país chamado Iraque» (p. 8) A primeira frase do romance é, aliás, tão emblemática como o início da obra-prima de García Márquez: «Num país onde não havia bananas, ao terceiro dia do Ramadão, a aldeia deparou-se, ao acordar, com nove caixas de bananas, cada qual contendo a cabeça degolada de um dos seus filhos.» (p. 7). Todavia Os Jardins do Presidente, de Muhsin Al-Ramli, é uma narrativa que rapidamente se distancia de tudo e ganha vida própria. Tariq, Abdullah Kafka e Ibrahim nascem em 1959, em meses seguidos, e desde logo se tornam inseparáveis. Até que a guerra contra o Irão deflagra (e dura 8 anos), e Abdullah é preso pelas forças iranianas em 1982. Em 1990, o Iraque invade o Kuwait. A guerra torna-se o estado natural das coisas e «quanto mais se adentravam no deserto (…) mais mergulhavam na guerra» (p. 59). Em 1991, as forças aliadas desencadeiam o ataque terrestre a partir das areias da Arábia Saudita: «O deserto, que se vira abandonado durante séculos, foi transformado num mar de ferro e fogo. O cenário era nada menos que apocalíptico, demonstrando o poder que aquela pequena criatura, o homem, conseguira alcançar, capaz de transformar a face da natureza de forma aterradora e esmagadora.» (p. 62) Nas primeiras 200 páginas temos uma narrativa intrincada repletos horrores da guerra, mas sobretudo de histórias que se cruzam. Todas as personagens têm a sua história, sempre contada na primeira pessoa, como é o caso de Ibrahim que procura deixar o seu legado à sua filha Qisma (significa destino), vendo-a como a extensão natural da sua história. O romance passa depois a uma segunda parte, no que parece uma estrutura desarmoniosa, mas conforme prosseguimos percebemos como se fecha o círculo deste mundo, tanto que o penúltimo capítulo é um eco do primeiro, voltando à frase de abertura do romance. É quando Ibrahim se muda para a cidade de Bagdad que o romance ganha outro fôlego. Como funcionário nos jardins de um dos vários palácios do Presidente, Ibrahim é supervisionado por Sa’ad, que ao longo de várias páginas, descreve a opulência dos “palácios do povo”, em descrições hiperbólicas ao estilo dos contos das Mil e Uma Noites. A única vez em que Ibrahim avista o Presidente no jardim é justamente quando ele assassina um músico emblemático do país. O próprio nome de Saddam Hussein, ao jeito do realismo mágico, nunca é mencionado; quando Qisma dá o nome do líder ao filho, Ibrahim recusase terminantemente a chamá-lo pelo nome. Ibrahim é depois promovido de jardineiro a coveiro, enterrando milhares de corpos sem nome, «vítimas de um reinado impiedoso de terror», nos jardins do Presidente…

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http://palavrassublinhadas.com/os-jardins-do-presidente-muhsin-al-ramli/

lunes, 26 de abril de 2021

The many exceptional Arab-Spanish voices in Spain


Arab American Heritage Month

This Arab American Heritage Month in the U.S., we’re highlighting a few of the many exceptional Arab-Spanish voices in Spain. With nearly one million Spanish residents born in Arab countries, Arab immigrants and the Spanish-born generations that have followed them have made an indelible impact on our country.

https://blog.spainintheusa.org/arab-american-heritage-month-1c748bef1f7c

Mina el Hammani 

Born in 1993 in Madrid to a Moroccan family, Spanish actress Mina el Hammani is best known for her roles as Nadia in the Netflix hit, Elite, and Elvira in The Boarding School: Las Cumbres on Amazon Prime.

Interview (with English, Spanish, and Arabic subtitles) between Mina El Hammani and Saufeeya Goodson

El Hammani decided at seven years old that she wanted to be an actress, but struggled to find someone with whom she could identify on screen at that time. Nadia, her character in Elite, is the role she says she had been waiting for her entire life, allowing her to play someone in whom she can see herself reflected and who will give girls of Arab heritage in Spain, and around the world, a familiar face on TV and a sense of representation.

Ara Malikian

Photo Credit: aramalikian.com/directo/

Born in Lebanon to an Armenian family, and living in Spain since 1998, world-renowned violinist Ara Malikian has lived in a multicultural environment his entire life. Growing up during the Lebanese Civil War, his talent, dedication, and passion for music were clear from a young age. The War may have forced him to study in air-raid shelters, but it also showed him the strength his music could have in lifting spirits and bringing hope to its listeners. At 15, he received a scholarship to study at the Hochschule für Musik und Theater in Hannover, Germany, from the German Ministry of Culture, and so his time in Europe began.

Malikian may not be the image you expect when you think of a violinist, with his tattooed ams and mid-performance leaps. He says that earlier in his career, he tried to “fit in” in the classical music scene, and later realized that he needed to be himself and created his own path. Now, his music is a representation of his own mixed heritage and the places he’s been along the way, taking inspiration from his Armenian background, as well as his Middle Eastern and Mediterranean upbringing and his adopted Spanish home.

Hiba Abouk 

Photo by Guillem Medina, 2017 Sitges Film Festival

Spanish actress Hiba Abouk’s career skyrocketed after her breakout role of Fátima in El Príncipe (The Prince), an action-crime drama that takes place in the Príncipe Alfonso neighborhood of the Spanish autonomous city of Ceuta, near the border with Morocco. Mina el Hammani (see first section), who played the character of Nur in the second season of El Príncipe, said the show, with a majority of Arab actors in lead roles, and specifically Abouk, let her not only feel represented on TV, but showed her that there were Arab women in Spain that came before her and fought for a place as actresses.

Born and raised in Madrid to Tunisian parents, Abouk cites her multicultural upbringing as part of her inspiration for becoming an actress:

“When I was 16 or 17 years old, I discovered that there were so many stories to tell, especially being an Arab woman. I wanted to talk about the clash of cultures I experienced as a teenager. Things happened in my house and in the street, but they were two separate worlds. I always dreamed of being an actress so I could play women like me” (2018, El País).

Najat el Hachmi 

Photo credit: Fundación Tres Culturas

At age 8, Morrocan-Spanish author Najat el Hachmi moved from Nador, Morocco, to Vic, a city about an hour north of Barcelona where she would spend the rest of her childhood. She started writing at age 11; what began as simply as a mode of entertainment would soon transform into a way for her to channel her thoughts about her dual-identity, and to bring her two homes closer together. Identity and the immigrant experience in Spain, and Catolonia more specifically, would go on to be a central theme in her work.

El Hachmi studied Arabic Philology at the University of Barcelona and, in 2008, she earned the Ramon Llull Award for her book El último patriarca (The Last Patriarch). In 2014, she published her autobiography, Jo també sóc catalana (I, Too, am Catalan / Yo también soy catalana), and in 2020, she received the 77th Nadal Award, the oldest literary prize in Spain, for El lunes nos querrán (On Monday They’ll Want Us), a novel about the importance of women taking control of their own lives and facing gender, class, and ethnic battles to do so.

Muhsin Al-Ramli

 

Photo credit: alramliarabic.blogspot.com

Iraqi writer, translator, and academic Muhsin Al-Ramli has lived in Spain since 1995. He left Iraq for Jordan after his brother, poet Hassan Mutlak, was executed in 1990. Working as a journalist in Jordan, he decided to learn Spanish over English, drawn to the language’s great literature. This allowed him to later study in Spain, obtaining his PhD in Philosophy from the Autonomous University of Madrid in 2003.

While earning his PhD and working as a translator, Dr. al-Ramli established Alwah, one of the first Arab magazines in Madrid, in 1997, wanting to give his brother the voice that was taken away from him. Now, much of his work serves as a link between his two homes, having translated countless Spanish classics into Arabic, and vice versa. His novels, The President’s Gardens and Dates on My Fingerswere long-listed for the International Prize for Arabic Fiction in 2010 and 2013, and Yasmeen Hanoosh’s English translation of his novel, Scattered Crumbs, won the 2003 University of Arkansas Press’ Arabic Translation Award. Al-Ramli is also a professor at Saint Louis University’s Madrid campus.

Magdy Martínez Solimán 

Magdy Martínez Solimán was named Director of AECID, the Spanish Agency for International Development Cooperation, in July of 2021. Born in Madrid to an Egyptian mother, Martínez Solimán has had a decades-long international career that has taken him throughout the world in his work in high offices of the United Nations. From 2014 to 2017 he was the UN Assistant Secretary General under Secretary General Ban Ki-Moon.

Discover more from the Embassy of Spain by following us on social media at @SpainInTheUSA: TwitterInstagramFacebookYouTube, and LinkedIn.

This story was written with the help of Casa Árabe, a public institution under the umbrella of Spain’s Ministry of Foreign Affairs, European Union, and Cooperation and the strategic center for Spain’s relations with the Arab world.

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jueves, 11 de marzo de 2021

Longlisted interview with Muhsin Al-Ramli

 

Longlisted interview with Muhsin Al-Ramli


09/03/2021

https://arabicfiction.org/en/node/1810

*When did you begin writing Daughter of the Tigris and where did the inspiration for it come from?

I began writing it in 2016. It wasn’t really a question of inspiration, but more a result of my long-term interest in the turbulent, unstable situation in Iraq since it was invaded and occupied: the destruction and daily, horrific killing which have happened as a result and under the auspices of this occupation. Amidst this destruction, I have witnessed the strength and bravery of Iraqi women and their constant efforts to do something.

 

*Did the novel take long to write and where were you when you finished it?

It took two years of continuous work, research, writing and revision, because the subject has to do with a complicated and very eventful period in the history of Iraq. I finished writing it in Madrid, where I live. 

 

*How have readers and critics received it?

The reception has exceeded my expectations, especially since the book was printed and distributed in difficult circumstances because of the coronavirus. Transportation was not working and legal isolation kept being imposed, yet despite that it quickly reached many different parts of Iraq and several bookshops in Arab countries. It was discussed at literary events and many excellent articles of literary criticism were written about it by Iraqis and Arabs.  

 

*What is your next literary project after this novel?

Coronavirus has spread, taking from us many friends, colleagues and loved ones, and I was afraid it would take me too, so I started to work on the artistic and literary corpus which my late brother Hassan Mutlak left, in order to publish or re-publish it. I revised, re-arranged and edited it. So far, I have completed work on six books and there are two left. After finishing those, if I live, I will return to work on a novel which I had begun and stopped.

sábado, 20 de febrero de 2021

¡Dejad que Irak vea la luna!/ ALBERTO MRTEH

 ¡Dejad que Irak vea la luna!

 

Alberto Mrteh

“El poeta se ocupa del mal. Su papel consiste en ver la belleza que en él reside”
Jean Genet

En un país sin platanares, los habitantes del pueblo se despertaron con el hallazgo de nueve cajas para transportar plátanos. En cada una de ellas estaban depositados la cabeza de uno de sus hijos y el documento que lo identificaba…

Cuando Muhsin Al-Ramli se enteró de la muerte de sus familiares y vecinos de semejante forma, esperó encontrar los detalles de tal atrocidad en los periódicos que lee por internet desde su exilio madrileño. Pero esos muertos nunca aparecieron en la prensa. Al dolor de la pérdida se unió una rabia insoportable que le recordaba que lo no escrito es como si no existiera. Y así se vio empujado a escribir él mismo esta historia, que comienza con este arranque tenebroso y deslumbrante al tiempo. Muhsin Al-Ramli quería gritar y su alarido es Los jardines del presidente.

Esos cuerpos decapitados son el reflejo de un Irak desmembrado por las guerras, la tiranía, el embargo y la ocupación. Nos cuenta así Al-Ramli la Historia del país a través de las historias de seres humanos a los que acompañamos en sus sufrimientos. El individuo desaparece en el grupo ya que las situaciones anormales despiertan el lado salvaje del hombre. Se suceden entonces mártires, prisioneros y perdidos, pero también viudas y huérfanos, descubriéndonos además el impacto que la guerra genera lejos del campo de batalla.

Los jardines del presidente es sin embargo un libro de contrastes que trenza el horror con la belleza e incluso con el humor. Frente a la tragedia brilla como la luna llena un hermoso canto a la amistad y a la familia. Los tres amigos protagonistas, hijos de la grieta de la tierra, aprenden a valorar cualquier abrazo fraternal y, cuando todo se desmorona, la familia es lo que se mantiene y nos ayuda a permanecer en pie. En la búsqueda de la belleza dentro del propio mal, Al-Ramli descubre a Ibrahim, empeñado en dar sepultura digna a los asesinados por Su Excelencia y en tomar nota de quiénes eran (lo que no se escribe no existe) en un acto valiente, prácticamente heroico, realizado por un personaje que parecía derrotado por su suerte y su destino.

Hay en la novela un cervantino uso de los nombres, donde los apodos nos descubren la personalidad de los personajes y además sorprende con un rocambolesco juego de coincidencias y confusiones que permite salvar la vida de Ibrahim y dulcificar una muerte al confundir la luna con su querido Qamar, luna en árabe. Y, por encima de estos aliviadores milagros, está la firme voluntad de no nombrar a Su Excelencia para no contaminar la novela con su presencia. 

Dice Al-Ramli que la vanguardia de una cultura es la imaginación, pero que la literatura iraquí apenas está relatando sus propias vivencias. Sin embargo, nos permite vislumbrar algunos destellos del ingenio de los iraquíes, primero con los diferentes rumores sobre el paradero de Yalal y luego con las creativas predicciones de las pitonisas.

Ibrahim descabezado es Irak desmembrado, y la voluntad final de encontrar su cuerpo es la voluntad del pueblo por recomponer el país. Ibrahim es Irak e Ibrahim quedará en la memoria de la gente a la que conoció. Como buen discípulo de Sherezade y con la cómplice traducción de Nehad Bebars, el autor nos deja siempre con la miel en los labios para seguir escuchando el relato de sus seres queridos, muertos que no aparecieron en la prensa, pero que quedarán en nuestra memoria gracias a Los jardines del presidente.

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Autor: Muhsin Al-Ramli. Traductor: Nehad Bebars. Título: Los jardines del presidenteEditorial: Alianza. Venta: Todos tus librosAmazonFnac y Casa del Libro.

https://www.zendalibros.com/dejad-que-irak-vea-la-luna/